Con una amplia trayectoria profesional, la periodista Narcy Marisol Vásquez Orozco es una de las voces más queridas y respetadas del panorama de la comunicación en Centro América. Su impronta ha formado parte de medios digitales e impresos como Prensa Libre, Nuestro Diario, elPeriódico o Relato GT, entre otros, profundizando en temas como la educación, el turismo, la salud, la cultura o la tecnología, siempre con un claro acento social y una visión transversal muy marcada por la búsqueda del detalle en la palabra y en el contexto, no en vano Vásquez Orozco es una de las firmas expertas en el arte de la edición y corrección periodística, el dominio de una tarea que ejemplifica la excelencia de su labor.
Actualmente, es la firma reconocible de la cultura, el arte y las nuevas corrientes creativas de la Revista Viernes y del prestigioso Diario de Centro América, el periódico oficial de Guatemala que desde 1880 desempeña un papel cultural clave preservando la memoria histórica, documentando eventos y tradiciones nacionales, y poniendo el foco en las figuras más relevantes del país, constituyéndose así como uno de los principales registros escritos de la evolución social guatemalteca.
En esta entrevista, Narcy Marisol Vásquez Orozco nos acerca al panorama cultural de Guatemala, a su rica diversidad y su notable legado, analizando no sólo el contexto actual, protagonizado por la fusión entre tradición y modernidad, si no también la importancia que adquieren los medios de comunicación en este ecosistema marcado por grandes retos como el impacto digital.
¿Cómo es el contexto cultural de Guatemala?
Guatemala hoy es como un tejido multicolor que nunca deja de crecer. Cada hilo es un pueblo originario con su idioma maya, su cosmovisión y sus rituales que siguen latiendo en la vida cotidiana. La nación es pluricultural reconocida por sus cuatro pueblos principales: Maya, Ladino/Mestizo, Xinca y Garífuna, que sostienen un mosaico que se renueva en cada feria patronal, en cada procesión de Semana Santa, convite o demás manifestaciones culturales.
La cultura guatemalteca no se queda quieta. Se abre al mundo, dialoga, se proyecta. Lo ancestral y lo contemporáneo se encuentran como dos músicos improvisando juntos: uno con marimba, otro con sintetizador.
Pero detrás de los anuncios y las festividades hay mucho trabajo pendiente. Persisten grupos socioculturales que aún deben ser escuchados, voces que reclaman espacio en el escenario nacional, como las comunidades garífunas y xinca que se están abriendo paso con variadas formas de arte.
Es urgente que los medios de comunicación contribuyan a visibilizar las propuestas de artistas emergentes en todas las ramas, y que no se limiten a lo comercial. El teatro, la danza, la música independiente y tantas otras expresiones siguen luchando por reconocimiento, que muchas veces es ignorado.
Apoyar estas iniciativas no es solo un acto de justicia cultural: es apostar por la diversidad, por la creatividad que nos define y por un país que se transforma desde el arte.
¿Cómo convergen modernidad y tradición?
En Guatemala, la modernidad y la tradición no se enfrentan: se mezclan como torrentes que desembocan en la misma corriente en un festival tecnológico, los textiles mayas desfilan en pasarelas contemporáneas, y los jóvenes que programan software también participan internacionalmente. Lo ancestral no se queda atrás, se reinventa; y lo moderno no borra raíces, las amplifica.
Sin embargo, entre las falencias culturales se encuentra el desinterés de algunos jóvenes hacia ciertas tradiciones en los departamentos del país. Un ejemplo es la danza-drama del Rabinal Achí, en Baja Verapaz, que enfrentó dificultades económicas y en 2025 no pudo presentarse debido a la necesidad de renovar vestuario, utilería y reparar instrumentos dañados. Este 2026 regresan con nuevos trajes, aunque sus integrantes reconocen que aún hay detalles por afinar.
Otros bailes tradicionales también han sufrido por la falta de participación juvenil, lo que ha obligado a varios grupos a buscar estrategias para motivarlos y evitar que estas expresiones se apaguen.
¿Pesa más la tradición o se están imponiendo las modas?
Considero que la balanza se inclina hacia las modas y lo comercial. Un ejemplo evidente es la indumentaria maya: hoy muchas piezas se confeccionan con máquinas industriales, lo que nunca se compara con la calidad y el valor cultural de las técnicas ancestrales, como el telar de cintura o de pedal.
Del mismo modo, los músicos guatemaltecos enfrentan una batalla constante para abrirse espacio frente a la oferta extranjera. Las radios nacionales suelen dar prioridad a artistas internacionales y a lo que garantice ventas, para dejar en segundo plano el talento local. Esta lógica comercial limita la diversidad cultural y obliga a los creadores a luchar doblemente por ser escuchados.
Por otro lado, actividades como el Lúmino Fest en Antigua logran un cruce fascinante: luces digitales, música contemporánea y proyecciones visuales se funden con el entorno colonial, en un escenario donde participan talentos guatemaltecos junto a invitados globales.
Y la artesanía tradicional también se reinventa. En las celebraciones navideñas de 2025 se vio cómo materiales sostenibles y diseños modernos se integran sin perder la esencia de lo nacional.
Guatemala tiene una amplia representación institucional de culturas europeas, ¿qué impacto tienen en las locales?
Guatemala cuenta con una amplia representación institucional de culturas europeas: centros culturales, embajadas y programas que promueven literatura, música, cine y artes plásticas del Viejo Continente.
Este intercambio tiene un doble filo. Por un lado, abre ventanas al mundo, permite la conversación y enriquece la escena artística local con nuevas técnicas, perspectivas y colaboraciones. Por otro, puede generar tensiones cuando lo europeo ocupa más espacio que lo propio, al invisibilizar o relegar las expresiones de los pueblos originarios y del talento local que aún luchan por reconocimiento.
El impacto, entonces, es ambivalente: la presencia europea aporta diversidad y oportunidades de internacionalización, igualmente obliga a cuestionar cómo equilibrar la balanza para que la cultura guatemalteca no quede en segundo plano.
La clave está en que las instituciones y los medios otorguen el mismo valor a lo local, algo que se refleja en exposiciones con creadores de diversas latitudes y en festivales musicales donde confluyen artistas del país junto con invitados internacionales. También en el intercambio de conocimientos, como el caso de maestras rusas de danza: recientemente, una de ellas instruyó a los bailarines del Ballet Nacional de Guatemala, Christa Mertins, que enriqueció la formación con su experiencia.
¿Qué impacto real está teniendo la revolución tecnológica en medios de marcada tradición como El Diario de Centro América?
La revolución tecnológica ha tenido un impacto en medios de marcada tradición como El Diario de Centroamérica. La transición hacia lo digital ha transformado la manera en que se produce, distribuye y consume la información. Hoy, las noticias ya no esperan la edición impresa: circulan en tiempo real a través de páginas web, redes sociales y aplicaciones móviles, lo que obliga a los medios históricos a adaptarse a la inmediatez y a la competencia global.
Este cambio ha traído oportunidades, como la posibilidad de llegar a audiencias más amplias y diversificadas, incorporar formatos multimedia —videos, podcasts, transmisiones en vivo y aprovechar herramientas tecnológicas que agilizan procesos editoriales. Sin embargo, también plantea retos: la presión por competir con la viralidad de las redes puede poner en riesgo el rigor periodístico, y la brecha digital en Guatemala limita el acceso equitativo a la información.
En este nuevo escenario, El Diario de Centroamérica enfrenta el desafío de mantener su papel como referente histórico y oficial, pero al mismo tiempo reinventarse para comunicarse con lectores que buscan rapidez, interacción y cercanía. El verdadero impacto de la revolución tecnológica, entonces, es que obliga a estos medios a ser guardianes de la memoria nacional sin renunciar a la innovación.