La Universidad de Piura (UDEP) trabaja desde hace años en la consolidación de la gestión cultural, así como en formar y fortalecer la figura del gestor cultural. La formación y la aplicación práctica en este área, la búsqueda de la novedad, el impacto creativo y el compromiso social y ético, son las bases de su apuesta. Una formación multidisciplinar que se abre al mundo y busca la excelencia, pero que al mismo tiempo se encuentra con importantes retos como el papel, cada día más predominante, de la inteligencia artificial, las nuevas tecnologías, el reconocimiento social e institucional de la profesión o la reacción real entre la sociedad digital y la gestión cultural.
Sobre estos temas nos contesta el profesor Víctor Velezmoro Montes, historiador y gestor cultural, doctor en Historia del Arte por la Universidad de Sevilla.
Con formación en Comunicación y Gestión Cultural por la Universidad de Barcelona y en Gestión Pública por la Universidad de Piura, Velezmoro es actualmente profesor de historia e historia del arte, así como de políticas culturales en la Universidad de Piura. Ha sido decano de la Facultad de Humanidades de la UDEP, y su nombre figura entre los primeros profesores que iniciaron en el año 2003 la licenciatura en Historia y Gestión Cultural de esta universidad peruana.
Ha ocupado la jefatura del área departamental de Gestión Cultural y también ha sido director del programa académico de Historia y Gestión Cultural. Ha participado en algunos proyectos de investigación y puesta en valor de sitios históricos de carácter arqueológico como Piura la Vieja (Morropón, Piura), así como en investigaciones sobre las competencias para la formación de formadores en patrimonio cultural documental (Proyecto CODICIS) y en la investigación de competencias de los artesanos de cerámica de Chulucanas y La Encantada en Piura. Sus principales líneas de investigación son la historia y el arte en el norte del Perú y la reflexión sobre la política cultural en el país y en la región Piura.
¿Cuáles son las principales actividades del Área Departamental de Gestión Cultural que usted dirige?
El Área Departamental de Gestión Cultural tiene tres objetivos claros: fortalecer el equipo de profesores que atienden las necesidades del programa académico de Historia y Gestión Cultural, para lo cual promovemos tanto la incorporación de nuevos perfiles como la consolidación de la formación posgradual de los actuales profesores.
Fortalecer la relación entre el área y los egresados alumni de la carrera, atendiendo a sus necesidades y proporcionándoles apoyo para la culminación de sus tesis de licenciatura y de capacitaciones posgraduales.
Tener una mayor presencia en la colectividad cultural del norte del país, a través de la generación de actividades académicas, como el Encuentro de Gestores Culturales, o la creación de programas de capacitación (diplomados y cursos de extensión).
¿Cuáles considera que son los principales retos de la gestión cultural hoy en día?
Desde la UDEP trabajamos para aportar en dos retos centrales de la gestión cultural en el Perú actual: fortalecer la figura del profesional de la gestión cultural en el país, a través de la formación en conocimientos (humanidades), en habilidades de dominio técnico (creación de proyectos), dominio creativo (ideas novedosas) y dimensión ética (sentido del servicio a la sociedad).
Otro reto de la gestión cultural en el país es incorporar estrategias de gestión cultural para acercar a la población al disfrute y al reconocimiento de su dimensión simbólico-identitaria a través del arte y la cultura. Esto implica un gran cambio en los intereses de la población, es cierto, pero para ello ha de trabajarse con grupos concretos (niños, jóvenes), lo que exige hacer proyectos y acciones mucho mejor definidas.
¿Cuenta esta profesión con el suficiente respaldo y reconocimiento social e institucional? ¿Qué queda por hacer? ¿Qué hitos se han conseguido?
En mi país, a diferencia de otras naciones de Europa o Hispanoamérica, la gestión cultural como disciplina profesional todavía no cuenta con un reconocimiento social e institucional pleno. Por lo que el respaldo es limitado, centrado específicamente en el ámbito puramente estatal (Ministerio de Cultura, museos de la red de museos, etc.).
La ausencia de una comprensión de esta disciplina desde una perspectiva profesional, sumada a la tradicional competitividad y emprendedurismo peruano, hace que muchos artistas y agentes culturales se conviertan en gestores culturales por necesidad, ya sea para gestionar un proyecto personal, proponer una actividad cultural a alguna institución o aplicar a una beca o subvención del Estado.
Se ha conseguido, como lo dije antes, que al menos en el ámbito público, dentro del Ministerio de Cultura, se haya incluido dentro del escalafón del funcionario. También que en los principales museos e instituciones de la capital (Lima) se vea necesaria su inclusión. Pero el gran reto es hacer que los gobiernos regionales y municipalidades, así como las instituciones culturales (públicas y privadas) de las ciudades del interior del país, incorporen a este profesional en sus equipos de gestión, para renovar sus dinámicas culturales de cara a la población local.
¿Cómo se consigue un equilibrio entre financiación pública y financiación privada? ¿Cómo lograr un equilibrio sostenible, justo y a largo plazo?
Como he señalado antes, en el Perú predomina el emprendedurismo y la competitividad, por lo que la mayoría de los proyectos que se desarrollan generalmente se proponen bajo modelos de gestión subvencionada, mecenazgo o, los más arriesgados, generación de ingresos propios.
Esta situación hace que, en buena medida, se sacrifique la seguridad de los ingresos personales por una mayor atractividad económica (mínimo costo del proyecto) hacia el potencial inversor.
Esta forma de actuar también impacta en la población, la cual no está acostumbrada y tampoco es dada a poner su dinero en proyectos culturales, dado que lo ven como gasto y no como inversión. Es por ello que una de las tareas principales es la formación de públicos y un mayor trabajo con la población.
Universalizar el arte y la cultura, ¿hasta qué punto es viable, en qué medida una utopía?
Para mí no es una utopía, es una realidad. El arte, como lenguaje, está dentro de las capacidades innatas del ser humano. El reto está en “despertar” en cada una, cada uno, ese potencial.
Por otro lado, pienso que nuestro tiempo ya no es aquel de seguir unas tendencias “universales” en el arte, porque los pueblos son más conscientes de su diversidad. Entonces, plantear la idea de un arte y una cultura “universales” trae el gran problema de “en qué pensamos” cuando hablamos de ello. A mi modo de ver, hay aspectos del lenguaje artístico e ideales estéticos que son comunes, a los que todo arte debe apuntar y que nos deben regir, pero yo no creo que debamos seguir escuelas, movimientos o tendencias, mucho menos procedentes de un solo territorio.
El arte y la cultura tienen un poder transformador. Desde la gestión cultural, ¿cómo conseguir que ese cambio en la sociedad sea real y tangible?
Coincido plenamente con esa afirmación: el arte y la cultura tienen un poder transformador. A mi modo de ver, y es como se impulsa la gestión cultural en la UDEP, la gestión cultural tiene la tarea de trasladar a la realidad, a la comunidad, utilizando medios, herramientas y caminos adecuados a cada grupo humano, las expresiones artísticas y culturales en todas sus dimensiones (artísticas, estéticas, históricas, lúdicas), pero especialmente simbólicas, para generar en la población un vínculo, un sentido de reconocimiento y pertenencia con ellas.
¿Considera que el arte y la cultura son libres?
Desde una perspectiva radical, el arte y la cultura son libres porque el ser humano es libre. Es cierto que podríamos caer en la tentación de pensar que los movimientos y tendencias actuales de la cultura “universal” están acabando con las expresiones locales. Pienso, por ejemplo, en el fenómeno del lenguaje entre los jóvenes peruanos que cada vez más introducen términos en inglés o del español mexicano.
Pero, evidentemente, esos fenómenos culturales no son peligrosos en sí, porque son tendencias que surgen y luego desaparecerán.
Lo que sí me preocupa es cuando se tiende a “ideologizar” una determinada postura cultural o artística para levantar las viejas banderas de la Nación o la Identidad Nacional. Eso me parece más peligroso, porque limita al arte y a la cultura a un patrón o molde estereotipado de “lo que debe ser”, impidiendo (o limitando) el surgimiento de nuevas voces, ideas y expresiones.
El arte del pasado no debe marcar las tendencias del presente. Son expresiones de lo que se hizo, pero no deben ser los únicos caminos por los cuales recorrer. El futuro supone descubrir, reinterpretar, rediseñar lo vivido.
En plena era de la IA, ¿cree que el arte y la cultura siguen siendo un privilegio?
No lo creo. A mi modo de ver, las nuevas tecnologías (entre ellas la IA) han expandido el terreno de la interacción con el arte y la cultura. Esto, que hasta hace unos pocos años suponía la participación de especialistas (artistas y mediadores), cada vez más está canalizándose hacia una situación de interacción personal, desde perspectivas personales.
Creo que, si bien ahora mismo la gran mayoría de personas que interactúan con IAs generativas de imágenes lo hacen desde una perspectiva lúdica, no cabe duda de que ya hay otro grupo, no solo de artistas, sino también de creadores de imágenes, que están aplicando estos elementos para hacer innovaciones dirigidas tanto al diseño industrial como a la experiencia artística.
¿Qué suponen las nuevas tecnologías en el día a día de la gestión cultural?
Un reto, desde cualquier punto de vista. La velocidad con que aparecen y desaparecen, se actualizan y se renuevan las nuevas tecnologías implica una constante capacitación del gestor cultural, no tanto en su manejo o dominio, como en su conocimiento y potencialidad.
Lo que está claro es que urge que las instituciones culturales empiecen a integrar perfiles profesionales que dominen las nuevas tecnologías dentro de sus staffs y equipos de proyectos, porque ya no se puede seguir pensando únicamente en la dimensión “presencial” del diálogo con la cultura.
Sociedad digital y gestión cultural, ¿quién debe adaptarse a quién?
Es una pregunta que nos estamos haciendo todos. A mi modo de ver, la gestión cultural, como herramienta que tiende puentes entre las personas y la cultura, tendrá que incorporar, más temprano que tarde, los códigos propios de la sociedad digital.
Esto es, comprender que la comunicación de la cultura y las experiencias culturales también pueden (y deben) darse en los entornos digitales. Esto supone para el gestor cultural interactuar con nuevos perfiles profesionales que, al menos en Perú, recién se están gestando, para crear esos nuevos caminos.